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Salmonella: cómo evitar la contaminación en la cocina

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Salmonella: cómo evitar la contaminación en la cocina

La salmonella puede ingresar al hogar mediante alimentos, agua o animales, pero algunas medidas de higiene, cocción y conservación ayudan a disminuir las posibilidades de infección.

Preparar una comida en casa no elimina por sí solo el riesgo de contaminación bacteriana. La forma en que se manipulan los alimentos, las temperaturas utilizadas y hasta el orden en que se realizan determinadas tareas pueden influir en la posibilidad de que una bacteria llegue al organismo.

La salmonella es uno de los microorganismos asociados a las enfermedades transmitidas por alimentos. Puede encontrarse en productos de origen animal, pero también llegar a frutas, verduras, harina y alimentos procesados a partir de diferentes formas de contaminación.

La particularidad es que un alimento contaminado no necesariamente presenta señales visibles. Por eso, observar el aspecto de un producto no permite determinar si contiene salmonella.

¿Dónde puede aparecer la Salmonella?

La bacteria vive en el intestino de personas y animales y puede alcanzar los alimentos cuando existe contacto con materia fecal, agua contaminada, manos, utensilios o superficies.

Las carnes de vaca, cerdo y aves figuran entre los alimentos que pueden contaminarse durante la faena o manipulación. En el hogar, además, los líquidos de la carne cruda pueden transportar bacterias hacia otros productos o superficies.

Los huevos también requieren atención cuando se consumen crudos o poco cocidos. Las preparaciones caseras que utilizan huevo sin una cocción suficiente pueden representar un riesgo.

Pescados, mariscos y crustáceos también pueden contaminarse durante su procesamiento. En el caso de preparaciones que utilizan estos productos crudos, como el ceviche, el marinado no reemplaza un tratamiento térmico capaz de eliminar la bacteria.

Los lácteos sin pasteurizar constituyen otro grupo señalado por especialistas. La pasteurización utiliza calor y posterior enfriamiento para reducir microorganismos perjudiciales.

Salmonella: cómo evitar la contaminación en la cocina

El problema de la contaminación cruzada

La contaminación cruzada es uno de los puntos centrales de la prevención. Puede producirse cuando un alimento crudo o sus jugos entran en contacto con otro producto que posteriormente se consume sin cocción.

Por este motivo, carnes, aves y pescados crudos deben mantenerse separados de los alimentos listos para comer. También se recomienda utilizar tablas, cuchillos y otros utensilios diferentes para manipular productos crudos y frutas o verduras.

Las frutas y hortalizas tampoco están exentas de riesgo. Pueden contaminarse durante el cultivo, el riego, la cosecha, el lavado o el procesamiento, especialmente cuando existe contacto con agua contaminada o materia fecal de animales.

La harina cruda constituye otro punto de atención. Puede contener salmonella y, por esa razón, no se aconseja consumir masas antes de su cocción.

La bacteria también fue relacionada con determinados alimentos procesados, como nuggets de pollo, salchichas, cereales, sopas y comidas congeladas. La presencia de estos productos en una lista de posibles vehículos no significa que todos estén contaminados.

Salmonella: cómo evitar la contaminación en la cocina

Higiene, frío y cocción

Una de las medidas más sencillas para reducir el riesgo consiste en lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos. Esta práctica debe realizarse antes y después de preparar alimentos, después de manipular carne cruda y luego de ir al baño o entrar en contacto con animales.

La conservación también cumple un papel importante. La carne debe mantenerse refrigerada a 4 °C y no debería permanecer a temperatura ambiente durante más de dos horas. Cuando la temperatura supera los 32 °C, ese período se reduce a una hora.

Los especialistas también recomiendan no lavar el pollo crudo. Aunque pueda parecer una medida de higiene, las salpicaduras pueden dispersar bacterias hacia mesadas, utensilios y otros alimentos.

Los animales también pueden ser una vía de exposición. Reptiles, anfibios, aves y mascotas pueden portar salmonella sin mostrar signos de enfermedad. Por eso, el lavado de manos después de tocarlos o manipular sus alimentos, jaulas, recipientes o heces es una medida relevante.

La infección puede provocar diarrea, fiebre, dolor abdominal, náuseas, vómitos y otros síntomas gastrointestinales. En la mayoría de las personas sanas, el cuadro desaparece en pocos días, aunque determinados grupos tienen mayor riesgo de complicaciones.

Los menores de 5 años, los adultos mayores y las personas inmuno comprometidas requieren especial atención. Si aparecen fiebre alta, sangre en las heces, dificultad para retener líquidos o signos de deshidratación, es aconsejable buscar atención médica.

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