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El consumo sigue en caída y golpea fuerte a los comercios de cercanía en Luján

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La crisis del consumo no es una estadística lejana ni un fenómeno que solo afecta a las grandes ciudades: en Luján y toda la región, los comercios locales sienten con fuerza el impacto de la caída en las ventas.

Mientras los números a nivel nacional muestran retrocesos mes a mes, en la ciudad la situación se refleja en negocios con menos movimiento, vecinos que estiran el sueldo hasta el límite y emprendedores que luchan por sostener sus emprendimientos.

Aunque los últimos datos oficiales hablan de una desaceleración en la inflación, esa mejora en los precios no se traduce en una reactivación del consumo. Las familias no están gastando más, sino menos. Y no es por falta de voluntad, sino por necesidad. La clase media local, que históricamente fue el motor del comercio en barrios y centros comerciales, está destinando una mayor parte de sus ingresos al pago de tarifas, alquileres y servicios esenciales.

Comercios de barrio: cajas chicas, problemas grandes

Quienes tienen un kiosco, un almacén o una pequeña tienda en Luján no necesitan ver estadísticas para darse cuenta de que el consumo bajó. El flujo de clientes es menor y el ticket promedio —el valor total de cada compra— es cada vez más chico. Muchos vecinos que antes compraban mercadería para toda la semana ahora pasan todos los días, pero con montos pequeños, priorizando solo lo indispensable.

Los comerciantes señalan que ya no alcanza con las ofertas o promociones para atraer a la clientela. “Acá viene gente que antes compraba galletitas, fiambres, algunas cosas para el finde. Ahora se llevan pan, fideos, arroz y nada más”, comenta el dueño de un almacén del barrio La Palomita. “La plata se les va en la luz, el gas o los remedios”, agrega.

Y esa situación se repite en cada barrio: Pueblo Nuevo, San Bernardo, Ameghino o San Cayetano, por mencionar solo algunos. Los comerciantes chicos, que siempre funcionaron como sostén de la vida barrial, enfrentan semanas enteras con ventas flojas.

¿Por qué no se reactiva el consumo?

A nivel local, la situación refleja el problema general que atraviesa el país: el dinero no sobra. Aunque algunos sueldos se ajustaron por inflación, no alcanzan para cubrir los aumentos acumulados de los últimos meses, especialmente en servicios públicos, transporte y alimentos.

Después de años de inflación alta, muchas familias de Luján habían desarrollado la costumbre de stockear productos: comprar por adelantado, llenar el freezer o la alacena para protegerse de subas de precios. Ahora, esa estrategia se abandonó. Ya no se trata de adelantarse a los aumentos, sino de lograr que el ingreso alcance para lo básico, para llegar a fin de mes.

Incluso en fechas especiales, como el Día del Padre, se notó la caída. Los comercios de indumentaria y regalería vendieron menos que en años anteriores. Muchos vecinos optaron por hacer regalos más económicos o, directamente, no comprar. Es un síntoma claro del estado actual del consumo.

Autoservicios y supermercados, también en baja

Si bien los autoservicios grandes de la zona suelen tener promociones y mejores precios por volumen, tampoco lograron esquivar la caída. En mayo, las ventas bajaron respecto al mes anterior y, aunque algunos rubros se mantuvieron estables, no se registró un repunte significativo.

Los pequeños supermercados de barrio y los autoservicios familiares son los que más sintieron el impacto. Estos negocios, que dependen en gran medida de las compras diarias o semanales de las familias del barrio, vieron cómo las ventas disminuyeron hasta un 4% en algunos casos, según lo relevado por los propios comerciantes.

El consumo no desapareció, pero cambió. Hoy, en Luján, se priorizan los productos básicos. La carne se consume menos o se reemplaza por opciones más económicas. Los productos de limpieza se compran en presentaciones más chicas o directamente se postergan. Los artículos de cuidado personal también se recortan o se buscan marcas alternativas.

Otro rubro que cayó es el de los comercios gastronómicos. Si bien los fines de semana sigue habiendo movimiento en bares y restaurantes del centro, muchas familias decidieron limitar esas salidas. El famoso “gasto hormiga” —un café, una cena, una merienda afuera— es ahora un lujo ocasional.

La incertidumbre como freno

El problema central no es solo el dinero: es la incertidumbre. “Antes te preocupaba que aumentara todo y tratabas de adelantarte, pero ahora el miedo es no llegar a cubrir lo básico”, explica una vecina del barrio El Ceibo. Esa sensación se repite en todos los sectores. Hay preocupación por el empleo, por los sueldos que no se actualizan lo suficiente y por el costo creciente de servicios que, mes tras mes, se lleva una porción mayor del presupuesto familiar.

Las expectativas a corto plazo no ayudan a que el consumo repunte. La falta de previsibilidad económica genera cautela. Comprar algo extra ya no es una opción para muchos; el foco está puesto en administrar cada peso.

¿Qué hace falta para que vuelva el consumo?

La reactivación del consumo local dependerá, en gran parte, de una verdadera recomposición del poder adquisitivo. No basta con que la inflación baje: es necesario que los salarios superen esa baja para recuperar lo perdido. También se necesita que el costo de los servicios básicos deje de ser una carga tan pesada en la economía de los hogares.

Mientras tanto, los comercios de Luján siguen resistiendo, apoyados en la cercanía con sus clientes, en la confianza del día a día y en la esperanza de que el panorama mejore. Pero por ahora, la palabra que define la situación es una sola: austeridad.

@forcam.autos @forcam9dejulio
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