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Alimentación saludable: la UBA lleva la ciencia a las escuelas secundarias
La alimentación saludable es el eje de un innovador proyecto de la UBA que acerca experimentos científicos a estudiantes secundarios para fortalecer el pensamiento crítico y decisiones responsables.
La enorme cantidad de información disponible sobre nutrición y hábitos alimentarios ha transformado la manera en que las personas acceden a contenidos relacionados con la salud. Consejos sobre dietas, recomendaciones de consumo, alimentos considerados beneficiosos o perjudiciales y publicaciones en redes sociales forman parte del escenario cotidiano. Sin embargo, esa abundancia de información no siempre está respaldada por evidencia científica, lo que puede generar confusión y favorecer la difusión de conceptos erróneos.
Con el propósito de ofrecer herramientas que permitan interpretar críticamente esos mensajes, docentes e investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) desarrollaron un proyecto de divulgación científica destinado a estudiantes de escuelas secundarias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires.
La iniciativa propone acercar la ciencia a los jóvenes mediante experiencias prácticas que vinculan el conocimiento académico con situaciones cotidianas relacionadas con los alimentos, promoviendo al mismo tiempo el interés por las carreras científicas y la construcción de hábitos saludables.
Alimentación con evidencia científica
Uno de los principales objetivos del proyecto consiste en fortalecer la denominada alfabetización científica, un concepto que implica mucho más que incorporar conocimientos teóricos.
Se trata de desarrollar la capacidad para observar, analizar, comparar evidencias, formular preguntas y evaluar la confiabilidad de la información antes de tomar decisiones. En materia de alimentación, esta competencia adquiere una importancia creciente debido a la circulación permanente de publicaciones sin respaldo científico.
La propuesta fue impulsada por un equipo interdisciplinario integrado por docentes e investigadores de distintas áreas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica.
La bioquímica Graciela Calabrese, doctora por la UBA y profesora asociada de Biología Celular y Molecular, explicó que el proyecto fue diseñado bajo el concepto de “diálogo de saberes”, promoviendo un intercambio permanente entre la universidad y los estudiantes secundarios.
Mientras los docentes universitarios aportan conocimientos científicos vinculados con la biología, la bromatología y la tecnología de los alimentos, los adolescentes comparten sus propias experiencias, inquietudes y dudas sobre aquello que consumen diariamente.
Ese intercambio convierte a los alumnos en protagonistas del aprendizaje y permite construir conocimientos de manera participativa.
Talleres con experimentación y participación
La propuesta se desarrolla mediante talleres experimentales que tienen una duración aproximada de cuatro horas.
Las actividades pueden realizarse tanto en establecimientos educativos como en los laboratorios de la Facultad, donde los estudiantes tienen la posibilidad de conocer de cerca el ámbito donde trabajan investigadores y científicos.
La dinámica está organizada mediante estaciones de trabajo por las que rotan pequeños grupos de alumnos. Cada estación propone una experiencia diferente, favoreciendo la participación constante y evitando clases expositivas tradicionales.
Este formato permite mantener el interés durante toda la jornada y facilita la interacción entre docentes universitarios y estudiantes secundarios.
Además, fomenta el trabajo colaborativo, el intercambio de ideas y la resolución conjunta de problemas, características propias del método científico.
Experiencias para comprender los alimentos
Las actividades propuestas abarcan diversos aspectos vinculados con la calidad, composición y conservación de los alimentos.
Uno de los talleres analiza la genuinidad de productos cárnicos, lácteos y farináceos, permitiendo conocer algunos de los controles que se realizan para garantizar la seguridad alimentaria.
Otra de las experiencias está dedicada al estudio del rotulado nutricional frontal, herramienta que ayuda a interpretar la información presente en los envases y comprender mejor el contenido de azúcares, grasas, sodio y otros nutrientes que se implementan en la alimentación.
Los estudiantes también participan en la extracción de ADN de frutas, una práctica sencilla que introduce conceptos relacionados con la genética y la biotecnología.
A ello se suma la observación microscópica de especias como pimentón y orégano para identificar posibles adulteraciones, así como experiencias con indicadores de pH utilizados para estudiar procesos de conservación de alimentos.
Uno de los temas que mayor interés despierta entre los adolescentes es la producción de carne cultivada en laboratorio, un desarrollo tecnológico que forma parte de las investigaciones actuales sobre nuevas alternativas alimentarias.
Cada experiencia fue diseñada para que los estudiantes recorran las distintas etapas del trabajo científico.
Observar, formular hipótesis, experimentar, registrar resultados y elaborar conclusiones son pasos que permiten comprender cómo se construye el conocimiento científico.
Esta metodología busca demostrar que la ciencia no es un conjunto de conceptos abstractos, sino una herramienta útil para interpretar situaciones cotidianas y tomar decisiones mejor fundamentadas.
La posibilidad de manipular materiales, observar reacciones químicas y utilizar instrumentos de laboratorio convierte el aprendizaje en una experiencia mucho más significativa que la simple lectura de contenidos.
Beneficios para estudiantes y futuros profesionales
El proyecto también representa una oportunidad de formación para los estudiantes universitarios que participan como coordinadores de los talleres.
Además de profundizar sus conocimientos científicos, fortalecen habilidades vinculadas con la comunicación, la divulgación, el trabajo interdisciplinario y la responsabilidad social.
Por su parte, los adolescentes desarrollan competencias relacionadas con el pensamiento crítico, la observación y la interpretación de información científica.
Los organizadores destacan que muchos estudiantes manifiestan un mayor interés por carreras universitarias vinculadas con la investigación, la salud y las ciencias luego de participar en estas actividades.
Un efecto que llega a las familias
Uno de los aspectos más destacados de la iniciativa es su capacidad para trascender el ámbito escolar.
Los conocimientos adquiridos durante los talleres suelen compartirse posteriormente en el entorno familiar, generando conversaciones sobre alimentación saludable, lectura de etiquetas, calidad de los alimentos y prevención de la desinformación.
De esta manera, el impacto del proyecto alcanza a un número mayor de personas y contribuye a fortalecer la conciencia social sobre la importancia de elegir alimentos a partir de información confiable.
La educadora argentina María Nieves Tapia destacó que, en un contexto donde las noticias falsas relacionadas con la alimentación se difunden con rapidez, enseñar a interpretar evidencias científicas constituye una herramienta fundamental para la ciudadanía.
Según remarcó, comprender una etiqueta nutricional o interpretar correctamente un experimento sencillo permite que las personas adopten decisiones más responsables y saludables.
Con este proyecto, la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA reafirma el valor de la divulgación científica como un puente entre la universidad y la sociedad, demostrando que la ciencia puede convertirse en una aliada cotidiana para comprender mejor los alimentos, cuidar la salud y desarrollar un pensamiento crítico frente a la información que circula diariamente.






