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Adultos mayores y mascotas: el proyecto que busca cambiar la vida en los geriátricos

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Adultos mayores y mascotas

El vínculo entre adultos mayores y mascotas llegó al Congreso de Gerontología con un proyecto que propone permitir perros y gatos en residencias y fomentar adopciones responsables.

La posibilidad de que un adulto mayor pueda ingresar a un geriátrico acompañado por su perro o gato comenzó a tomar forma como una propuesta de alcance nacional. El Sindicato de Trabajadores Caninos presentó un proyecto de ley que busca garantizar la continuidad del vínculo entre las personas mayores y sus animales de compañía.

La iniciativa toma como referencia una normativa vigente en la Ciudad de Buenos Aires desde 2023 y una experiencia desarrollada en Tucumán. Sus impulsores también analizaron casos concretos de residencias que incorporaron animales a sus actividades cotidianas.

El planteo fue presentado durante el Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría y parte de una premisa: para muchas personas mayores, una mascota representa un integrante de la familia y su separación puede convertirse en un factor de tristeza y aislamiento.

La propuesta apunta a que el traslado a una residencia no implique necesariamente perder ese vínculo. Para ello, establece una serie de condiciones destinadas a compatibilizar la presencia de los animales con las necesidades de cuidado, higiene y seguridad propias de un geriátrico.

El impacto en los adultos mayores

La iniciativa surgió a partir de una experiencia que el Sindicato de Trabajadores Caninos conoció en 2022. Según relató su secretario general, Matías Tomsich, un hombre mayor que había sido trasladado a una residencia se encontraba triste y con pocas ganas de continuar con sus actividades. Al indagar sobre la situación, descubrieron que extrañaba especialmente a su perro, con quien había vivido solo durante mucho tiempo.

Adultos mayores y mascotas

Ese episodio llevó a la organización a investigar la relación entre adultos mayores y animales de compañía. Tomsich señaló que encontraron estudios que destacaban la importancia de ese vínculo y mencionó efectos relacionados con el estrés, la socialización y el consumo de medicamentos.

A partir de esos antecedentes, comenzaron a trabajar con gerontólogos y especialistas para elaborar una propuesta legislativa.

El proyecto contempla tanto la posibilidad de que un residente conserve a su propia mascota como una alternativa diferente: que el geriátrico adopte un perro o gato que no tenga familia.

Una mascota para toda la residencia

La adopción institucional es uno de los aspectos que los impulsores consideran más importantes. La idea es que una residencia pueda incorporar un animal como parte de su dinámica cotidiana y que los adultos mayores establezcan vínculos con él.

El objetivo sería generar una experiencia compartida que involucre a distintos residentes y que, al mismo tiempo, permita encontrar un hogar para animales provenientes de refugios.

Uno de los ejemplos citados es el de la residencia San Jorge, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, Bali, una perra rescatada de un refugio, fue adoptada por el establecimiento. Según la experiencia difundida por los impulsores, el animal interactúa con los adultos mayores, visita sus habitaciones y participa en actividades lúdicas.

También se mencionan residencias del Grupo Montalto, que incorporan actividades con animales dentro de su modelo de atención centrada en la persona. En esos establecimientos se permiten visitas programadas de mascotas de residentes, con certificación veterinaria previa, y se desarrollan actividades asistidas con animales.

Qué pasaría con el personal

Uno de los interrogantes que surgieron durante la presentación del proyecto estuvo relacionado con el trabajo adicional que podría generar la presencia de animales en las residencias.

La limpieza, la alimentación y el cuidado de las mascotas plantean una demanda que los impulsores aseguran haber considerado. Según lo expuesto por Tomsich durante el Congreso de Gerontología y Geriatría, ocho de cada diez trabajadores consultados se mostraron muy de acuerdo con la convivencia con perros.

El argumento señalado es que la presencia de animales no solamente podría beneficiar a los residentes, sino también mejorar el ambiente laboral dentro de las instituciones.

Adultos mayores y mascotas

Para evitar que los costos adicionales recaigan exclusivamente sobre los geriátricos, el proyecto propone que la iniciativa se convierta en una política de Estado y que los gobiernos financien servicios profesionales vinculados con el cuidado de las mascotas.

Higiene, seguridad y adopción responsable

La propuesta contempla protocolos específicos. Los animales deberán tener su libreta sanitaria al día, vacunas obligatorias y desparasitación certificada.

También deberán existir áreas delimitadas para su permanencia, evitando su ingreso a sectores médicos o comedores cuando así lo establezcan las normas internas de cada institución.

El proyecto prevé además incorporar progresivamente adiestradores y paseadores profesionales para canalizar correctamente la energía de los animales y disminuir las posibilidades de accidentes.

La iniciativa busca replicar las experiencias de la Ciudad de Buenos Aires y Tucumán en otras jurisdicciones. Entre los lugares mencionados aparece Mar del Plata como una de las ciudades donde se pretende promover este modelo.

De aprobarse a nivel nacional, la propuesta modificaría la manera en que se aborda el vínculo entre las personas mayores y sus mascotas dentro de las residencias. La discusión ya no estaría centrada únicamente en las necesidades asistenciales del adulto mayor, sino también en aquellos vínculos afectivos que forman parte de su vida cotidiana y pueden acompañar su bienestar durante la permanencia en un geriátrico.

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