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Crecida del Paraná: la inundación amenaza las pasturas y encarece la ganadería

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Crecida del Paraná

La crecida del Paraná obliga a evacuar ganado en el norte bonaerense y abre un escenario de incertidumbre por los costos de traslado, la disponibilidad de alimento y la recuperación de los campos.

La creciente de un río no se mide únicamente por la altura que alcanza sobre la costa.

Para quienes trabajan en campos ganaderos de zonas insulares, el verdadero impacto también se refleja en la superficie disponible para alimentar a los animales, los gastos que demanda su traslado y las dificultades para sostener la producción mientras persisten las condiciones adversas.

Una emergencia que va más allá del agua

En el norte de la provincia de Buenos Aires, la evolución del Paraná comenzó a modificar la planificación de los productores. Las previsiones de una nueva suba del caudal durante la segunda mitad de octubre impulsaron la evacuación de hacienda hacia terrenos más elevados, una medida preventiva que busca evitar pérdidas y reducir los riesgos asociados al avance del agua.

El desafío es especialmente importante para los establecimientos ubicados en las islas frente a San Nicolás, Ramallo y San Pedro. En esos sectores, los campos naturales cumplen un papel central en la alimentación del ganado y la disponibilidad de superficies aptas condiciona el manejo cotidiano de los rodeos.

Cuando las áreas de pastoreo quedan expuestas a la inundación, los productores deben reorganizar sus operaciones. A la necesidad de encontrar terrenos seguros se suma la búsqueda de alternativas para mantener a los animales alimentados durante el tiempo que permanezcan fuera de sus lugares habituales.

La incertidumbre aumenta cuando los pronósticos indican que el episodio podría extenderse durante varias semanas. En ese escenario, el traslado deja de ser una respuesta puntual y pasa a convertirse en un problema de planificación productiva y financiera.

Crecida del Paraná

Crecida del Paraná: los costos que enfrenta el sector ganadero

La evacuación de la hacienda es una de las primeras medidas frente al riesgo de inundación, pero también puede generar gastos adicionales que alteren los márgenes de la actividad. El transporte, la alimentación y el manejo de los animales fuera de sus campos habituales representan nuevas obligaciones para los productores.

De acuerdo con el informe publicado por la Agencia DIB, algunos establecimientos deben recurrir a campos alquilados o sistemas de engorde para alojar al ganado que ya no puede permanecer en las zonas bajas. Estas alternativas permiten buscar condiciones más seguras, aunque implican costos que dependen de la disponibilidad de lugares y del tiempo durante el cual sea necesario mantener a los animales fuera de sus campos.

La situación puede resultar especialmente compleja para los productores con menor capacidad financiera. Cuando no cuentan con terrenos alternativos propios, deben afrontar gastos adicionales o evaluar decisiones comerciales para reducir la presión sobre sus recursos.

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Entre las consecuencias posibles de esta crecida del Paraná aparece la venta anticipada de animales. Se trata de una alternativa que puede surgir cuando el productor necesita reducir la cantidad de hacienda que debe alimentar o no dispone de fondos suficientes para sostener el traslado y la permanencia en otros establecimientos.

La dimensión del operativo en el norte bonaerense ayuda a comprender la magnitud del problema. El productor Fernando Coronel señaló al diario El Norte que se estaban realizando dos o tres viajes diarios y que sería necesario evacuar unos 5.000 animales de la zona en un plazo aproximado de 30 días.

Ese volumen de hacienda requiere coordinación y capacidad logística. Si la creciente se intensifica, la disponibilidad de espacios elevados y las posibilidades de completar los movimientos pueden convertirse en factores decisivos para evitar mayores complicaciones.

Sin embargo, los gastos inmediatos no son la única preocupación. La recuperación de los campos después de una inundación prolongada puede determinar cuánto tiempo necesitará la actividad para recuperar sus condiciones habituales y volver a depender de las pasturas naturales.

El riesgo de una recuperación lenta de los campos

El Instituto Nacional del Agua advirtió, en su reporte semanal del 14 de octubre, que el Paraná atravesaba una onda de crecida con perspectivas de aumento durante las dos últimas semanas del mes. El organismo también señaló posibles subas en distintos tramos de la cuenca, desde Corrientes y Goya hasta Santa Fe y Rosario.

Crecida del Paraná

Para la región del norte bonaerense, las referencias difundidas por El Norte ubicaban el nivel del río a la altura de San Nicolás cerca de los tres metros hacia fines de octubre. Esa proyección reforzó la decisión de adelantar los movimientos de hacienda, aunque el desarrollo efectivo de la creciente dependerá de la evolución de las condiciones hidrológicas.

La duración del anegamiento representa una preocupación adicional. Si el agua permanece sobre los campos naturales hasta marzo o abril de 2027, las pasturas podrían no disponer del tiempo suficiente para recuperarse antes del invierno. Esto reduciría la oferta de alimento disponible y podría obligar a los productores a incrementar la suplementación de los animales.

La recuperación del suelo y de la vegetación depende de distintos factores, entre ellos la duración de la inundación, las precipitaciones posteriores y la velocidad con la que se retiren las aguas. Por eso, todavía no es posible determinar con precisión el alcance que tendrá el fenómeno sobre la producción ganadera.

El informe también menciona advertencias de entidades rurales de Corrientes acerca de los efectos que puede tener una retirada tardía del agua sobre la oferta forrajera. Aunque las condiciones no son idénticas en todos los establecimientos, el problema ilustra las dificultades que puede generar una inundación prolongada en los sistemas basados en pasturas naturales.

A la vez, las previsiones relacionadas con el fenómeno de El Niño mantienen la atención sobre la evolución del río durante los próximos meses. La posibilidad de que el caudal continúe en ascenso hasta diciembre agrega incertidumbre a las decisiones que deben tomar los productores.

La emergencia, por lo tanto, no se limita a sacar los animales de las zonas expuestas. También exige planificar dónde permanecerán, cómo se financiará su alimentación y en qué condiciones podrán regresar a los campos.

En el norte bonaerense, la capacidad de anticiparse a la creciente será determinante para reducir las pérdidas. Pero el resultado final también dependerá de cuánto tiempo permanezca el agua sobre las tierras productivas y de la rapidez con la que puedan recuperarse las pasturas que sostienen a la ganadería regional.

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