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Combustibles: el Gobierno busca recuperar recaudación con la actualización de impuestos
La actualización de impuestos sobre combustibles busca fortalecer la recaudación nacional. El ajuste impactará en naftas y gasoil mientras continúa el proceso de normalización tributaria del sector.
La actualización de los impuestos sobre los combustibles no solo tendrá consecuencias sobre el precio que pagan los consumidores en las estaciones de servicio.
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También representa una herramienta clave para fortalecer los ingresos fiscales en un contexto donde el Gobierno busca sostener el equilibrio de las cuentas públicas.
Más ingresos para el Estado
La decisión de avanzar con un nuevo incremento del Impuesto sobre los Combustibles Líquidos (ICL) y del Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC) responde, en buena medida, a la necesidad de completar las actualizaciones que permanecían pendientes desde años anteriores.
Durante los últimos años, distintos gobiernos fueron postergando parcial o totalmente esos ajustes para reducir el impacto sobre la inflación y evitar fuertes aumentos en los precios de las naftas y el gasoil.
Esa política permitió contener temporalmente el valor de los combustibles, aunque también redujo la recaudación proveniente de estos tributos nacionales.
Con la inflación mostrando una tendencia de desaceleración, el Ejecutivo considera que existe un escenario más favorable para avanzar gradualmente con la normalización del esquema impositivo sin provocar saltos significativos en los surtidores.
Combustibles y el atraso de los impuestos
La legislación vigente establece que los impuestos a los combustibles deben actualizarse cuatro veces por año utilizando la inflación informada por el Indec.
Sin embargo, ese mecanismo dejó de aplicarse plenamente durante 2021, cuando se resolvió diferir las actualizaciones para reducir la presión sobre los precios.
Como consecuencia, se acumuló un atraso importante en los montos que debían cobrarse por litro vendido.
Desde la actual gestión nacional se viene implementando una estrategia de incrementos parciales que busca recuperar gradualmente esos valores sin trasladar toda la carga tributaria en un único ajuste.
Según el decreto publicado para agosto, las naftas tendrán un incremento de $10,572 por litro correspondiente al ICL y de $0,648 por el IDC.
En tanto, el gasoil registrará un aumento de $9,511 por litro por el ICL y de $1,084 por el IDC, manteniéndose además un tratamiento diferencial para determinadas regiones del país.
Especialistas del sector sostienen que aún quedan ajustes pendientes, aunque significativamente menores que los acumulados durante los años anteriores.
Cristian Bergmann, presidente de la Fundación Apertura, señaló que, si el Gobierno decidiera aplicar toda la actualización restante, el impacto sería cercano al 3,6% en las naftas y de alrededor del 1% en el gasoil.
El peso de la recaudación
La importancia de estos impuestos va mucho más allá de su incidencia sobre el precio de los combustibles. Constituyen una fuente significativa de recursos para el Estado nacional y adquieren especial relevancia en un escenario de menor crecimiento de la recaudación tributaria.
Durante el primer semestre del año, los impuestos sobre los combustibles generaron ingresos por aproximadamente 3,2 billones de pesos.
Ese monto resulta similar al obtenido mediante los Derechos de Exportación y supera en aproximadamente un 50% la recaudación correspondiente al impuesto sobre los Bienes Personales, lo que refleja la importancia de este tributo dentro de los ingresos fiscales.
El Gobierno considera que completar la actualización de los impuestos permitirá fortalecer la recaudación sin recurrir a nuevos tributos, al tiempo que busca sostener el superávit fiscal.
No obstante, el efecto final sobre el bolsillo de los consumidores dependerá también de otros factores, como la evolución del precio internacional del petróleo, las variaciones del tipo de cambio, el costo de los biocombustibles y la política comercial que adopte cada petrolera.
En ese escenario, agosto comenzará con una nueva modificación en la estructura tributaria de los combustibles y con la expectativa de conocer cómo responderán las empresas al momento de definir los nuevos valores en los surtidores.






