The Wall, de Pink Floyd, cumple 40 años

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The Wall, de Pink Floyd

El disco de la banda británica marcó un antes y un después en la historia de la banda, y también en la de mucha gente. A cuatro décadas de su lanzamiento, su vigencia sigue intacta.

Uno de los álbumes más icónicos de la banda inglesa cumplirá 40 años el 30 de noviembre, una década más que la caída del Muro de Berlín.
The Wall comenzó a grabarse en los primeros días de abril de 1979 y se terminó de mezclar en la primera semana de noviembre, en tres estudios distintos de Inglaterra, La Costa Azul y Los Ángeles. Definitivamente Waters se aquí erige como el generador de la idea madre del proyecto, compositor del 95 por ciento de las canciones incluidas en el álbum y la voz principal que asume el rol de “Pink”, un ficticio (aunque no tanto) personaje alienado por los miedos, el encierro y la locura, que va vertebrando toda la ópera, de comienzo a final. Porque de eso se trata este trabajo. Es ni mas ni menos que una ópera, o cuanto menos un trabajo conceptual.

The Wall, de Pink Floyd

Para quienes no están familiarizados con el término, “conceptual” es un término desarrollado por el rock desde mediados de los años ’60, donde todas las canciones incluidas en un álbum aluden a un mismo tema o comparten cierto aire temático familiar. Para dar algunos ejemplos, cuando aparece The Wall, ya los Who habían parido Tommy (1969, ahora sí, reconocido como la primera gran ópera del rock) y Quadrophenia (1973), Mike Oldfield había grabado Tubular Bells (1973), y hasta en Argentina nos habíamos sumado al concepto cuando Vox Dei apareció en 1971 con La Biblia.

En el medio, antes, durante y después, una larga lista de bandas y solistas ya habían publicado sus obras conceptuales. Desde los Beach Boys (Pet Sounds) hasta The Beatles con el lado B de Abbey Road. Sin embargo, ninguno de esos trabajos había logrado el impacto a nivel planetario como sí lo iban a conseguir Waters y sus amigos de banda.

La historia de Pink, el protagonista del disco, era una mezcla de las vivencias de Roger Waters y principalmente de Syd Barrett, fundador y miembro de la banda por nueve años.

Para 1979, Pink Floyd ya había lanzado al mercado sus discos más icónicos: The Dark Side of the Moon (1973) y Wish you Were Here (1975), además se habían convertido en una banda de escala mundial con giras monumentales –el Dark side of the Moon tour tuvo más de 130 fechas y duró casi 18 meses–.

Este éxito fue sinónimo de cansancio y hartazgo para Roger Waters, bajista y compositor de la banda. El 6 de julio de 1977 en el Estadio Olímpico de Montreal, durante el último concierto del In the Flesh Tour, el músico escupió a un fan que causó un alborotó al frente del escenario.

Aquello terminó en caos, tanto que se dice, Waters deseó la existencia de una pared que separara al público de la banda durante los conciertos; ello se volvió la semilla que dio nacimiento al concepto de The Wall.

El impacto cultural de la canción fue tal que se convirtió en el himno de estudiantes negros en Sudáfrica, quienes la tomaron como bandera de protesta contra el apartheid que condenaba su país en ese entonces. Debido a los disturbios ocasionados por estas protestas, el gobierno de aquel país decidió prohibirla.

The Wall se convirtió en el último gran disco de Pink Floyd y también el último material que vio reunidos a todos los miembros fundadores. Para The Final Cut, lanzado en 1983, estuvo ausente Richard Wright, tecladista fundador del grupo, quien no participó por conflictos con Roger Waters. Y sería precisamente Waters el que dejaría el grupo en definitiva para 1985.